Analógico

Me pasé el mes de diciembre haciendo fotos con la Olympus de mi padre que ha terminado por ser mía con el paso del tiempo. Él mismo me compró un carrete nuevo porque los que tenía antiguos ya me habían jugado malas pasadas.

Fui a Madrid, hice fotos a amigos, al carrusel que pusieron en el Palacio Real, hice fotos de ventanas y escaparates, como la que veis en portada, y a las maravillosas luces de navidad que decoraban ese mes.

Exploté sin duda al máximo las localizaciones que me encontraba en mis salidas navideñas. De hecho, encontré un sitio precioso en el Barrio de las Letras, una floristería con un toque muy mágico y auténtico que pensé quedaría muy bien este carrete de blanco y negro.

Vamos, lo que viene a ser un proyecto fotográfico en analógico, con un carrete de blanco y negro que representaría mi navidad 2016.

Total que para suerte la mía, llevo el carrete a una tienda de fotografía y cuando la señora me llama para que lo recoja porque los del laboratorio ya habían hecho su trabajo, me dice que no ha salido nada, absolutamente nada. Yo creo que mi corazón se partió un poquito por dentro, y yo tan sentida con las cosas más insignificantes de la vida me pase la tarde buscando un culpable. Por suerte la señora no me cobró nada y así no fue una inversión sin frutos, pero no pude evitar decepcionarme mucho ya que tenía muchas ganas de ver el resultado.

En intentos de consolarme me han dicho que no me preocupe, que pueden ayudarme a recrearlas, pero me niego rotundamente, porque nunca serán como esas fotos que jamás veré, que han quedado atrapadas en la lente de la cámara y en mi memoria, aunque esta última se irá olvidando de ellas poco a poco. Me niego, porque supongo, esa es la magia de lo analógico, la posibilidad de perder todo en un segundo, por un pequeño fallo y que nos recuerde que la vida es efímera y que lo importante es lo que vivimos en el camino. Que al final, lo importante es que he conocido una floristería preciosa en Madrid, que pasé una tarde maravillosa con mis amigas, que me comí una hamburguesa riquísima como cena de navidad con mi clase y que hablamos de un montón de cosas conociéndonos un poco más, que no sé, disfruté de tardes y encuentros fortuitos de esos llamados serendipia. Supongo, que lo importante es que ese proyecto fallido me regaló momentos fortuitos  que se quedarán en la cámara de mi memoria.


*para los curiosos: la floristería se llama El Jardín del Ángel, cerca de estas calles, concretamente en la C/Huertas hay una pieza de Boamistura (del que os hablé en el post sobre mejores artistas de street art) que nos recuerda que debemos “amar lo que hacemos”. La hamburguesa era la “M-30” de Goiko Grill, tremendamente recomendada y me temo que habrá que esperar a que quieran volver a montar el tío vivo en las próximas navidades.

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